El caníbal | Escribe&LeE / Difunde tu obra

El caníbal

18 jun

No me gusta la palabra caníbal, no me gustaría que alguien me tildara de “caníbal”, me suena a andar en bolas y con un hueso atravesado en la nariz.
Nada más lejano a lo que soy.
He evolucionado, conservo de mis antecesores su sabiduría, su condición innata por proteger la especie y preservarla. Me desplazo con el tiempo, no quedo anclado en tradiciones que no tienen lógica, no me verás correr semidesnudo por el monte con la flecha envenenada y el arco tenso: tengo los pies delicados, demasiado acostumbrados a las zapatillas con arco ortopédico.
Mi piel no soportaría el calor o el frío intenso, uso cremas nutritivas y remeras de algodón. Llevo chaqueta simil cuero y pantalones de marcas conocidas. Mi piel oscura no está ajada y las uñas están perfectamente esculpidas. Disto mucho de mis antecesores y es por eso que la palabra caníbal me suena a estirpe desaparecida o a esquizoide traumatizado. Prefiero el termino antropófago. Suena a actual. A persona que decide una línea de vida y la lleva a cabo sin caer en el sadismo y mucho menos en actitudes bestializadas o primitivas.
Si considero que tienes los tips necesarios para formar parte de mi dieta (léase estar bien nutrida, no fumar ni consumir sustancias prohibidas, haber tomado aunque sea una vez en los últimos 5 años ácido fólico y vitaminas E, B y C) seguramente te seduciré, trataré de que caigas bajo los efectos hipnotizantes de mis ojos negros y mi sonrisa de dientes perfectamente cuidados.
Te hablaré de amor si intuyo que sos una niña adorablemente enamoradiza, o de “El Origen de la Tragedia” si veo que sos del tipo Nietzscheriana. Te invitaré a tomar un café en mi departamento o un whisky en la terraza. Cuando no lo esperes, el somnífero depositado en lo que estés bebiendo surtirá su efecto y por un tiempo razonable… serás mía.
Pero no temas, sólo tomaré lo que necesito, no soy un sexopata ni un maníaco depravado.
Te mantendré con un suero y tomaré precauciones con algunos antibióticos para evitar alguna infección. El tiempo que dure estarás dormida y no sufrirás… ¡no soy un sicótico!
Me alimento como el resto de los mortales lo hace: arroz, fideos, papas, batatas, acelga, lechuga, frutas, tengo una dieta variada y rica en proteínas y vitaminas, eso sí, la carne que consumo es humana, que como mis antecesores me enseñaron, no sólo me provee de nutrientes, sino de la esencia que el alma deposita en el cuerpo. Tus sueños y vivencias por un tiempo corto también se interpondrán en mis pensamientos.
Luego te dejaré ir, ¡no soy un asesino, valoro la vida!
Si eres diestra comeré tu brazo izquierdo y si practicas algún deporte trataré de no consumir alguna de tus piernas. Si aun no has tenido hijos, me privaré del exquisito manjar de alguna de tus mamas (es que verdaderamente son exquisitas, nunca probé carne más tierna). Como verás, no soy un hombre dañino.
Ahora si, veo en tu rostro la mezcla de horror con asombro e incredulidad propia de las presas que ya son parte del efecto somnífero de las pastillas inoculadas a escondidas.
Duerme, niña. No se tu nombre, nunca los averiguo.
No creo que sea adecuado empatizar con la comida.

Mi tierna lectora o lector: no te horrorices ni te sonrías incrédulo, nunca te sientas seguro detrás de tu computadora, algún día podría aparecer como un nombre en tu facebook y seguramente ¡veré la forma de conquistarte!

Sin comentarios aún

Responde